Me extravío de tu vigilia, me despierto y la madrugada me avasalla,
el día me da su vértigo, me sofoca, me extenúa y me deja morir.
Llega el ocaso, empiezo de vuelta el ciclo, de nuevo vuelvo a existir,
me hago fuerte, empiezo a andar, canto, el sordo lamento me acalla.

Sigues en mi sentido, mi conciencia, mi delirio, mi todo que exhalas,
me es terco el respirar, tengo celos, turba la desidia, nada es normal,
Vaciada del ánimo, trato de llegar donde nadie es ni fue mortal,
y tú quedas sin mí, como vestigio discontinuo, como animal sin alas.

Cruzo tu mente como ruta de mi arrabal, te busco en el canto del día,
abrazo tus formas con la letra nueva y te beso al final de mi escritura.
Eres un paso al abismo, un brinco a la felicidad, una virgen criatura,
el epílogo inventado en las nubes, que en una gota de lluvia se dolía.

Entro en tu sueño, te exploro, estas pálido, casi transparente,
como un auxilio que se grita, luego sigilosamente se pierde,
como espectro ceñido en sudario blanco, que se descubre al borde,
para luego desvanecerse en la nimiedad, en silencio inconsciente.

Vuelvo sobre mis pisadas, después de mil años,
repaso los senderos ya cruzados, y solo siento ausencia,
recintos albos y oscuros, no te delimito en ninguna esencia,
y evoluciono, abrazo mi castidad liberada y vitoreo a Eros.
Marilú©

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